La RAE tratará de eliminar el sexismo del diccionario....

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  • La RAE tratará de eliminar el sexismo del diccionario con su nueva publicación de 2014

    diccionario rae opt La RAE tratará de eliminar el sexismo del diccionario con su nueva publicación de 2014
    Pedro Álvarez de Miranda, director de la Real Academia Española promete cambios en el diccionario que saldrá en 2014: “La edición de 2014 tendrá miles de novedades, algunas tan minúsculas que los lectores no las van a captar”.
    Muchos de esos cambios harán del lenguaje un instrumento menos machista, lo cual es un reflejo de la evolución del hablar de los españoles según explica el propio Álvarez de Miranda: “Se trata de que el Diccionario sea mejor, no menos machista, sino de que lo que diga sea verdad. Parece que solo actuamos a instancias de parte y no es así… no se cambia por protestas sino porque no es verdad. Lo que no se puede pretender es cambiar la realidad a través del Diccionario. Si la sociedad es machista, el Diccionario la reflejará. Cuando cambia la sociedad, cambia el Diccionario”.
    Sin embargo, voces como Eulalia Lledó afirman lo contrario y creen que la institución académica es reacia a los cambios que supongan mayor igualdad: “El DRAE está a años luz de la sociedad. Arrastra una inercia que parece que les gusta. Una de las misiones del Diccionario es reflejar la realidad. Si lees las definiciones de madre, padre o huérfano verás que no la reflejan. El androcentrismo y el sexismo son tópicos que contravienen la realidad”.
    Hemos querido traer ambas opiniones a nuestra web para que debatamos sobre este aspecto tan candente de la actualidad que nos concierne a todos en tanto que somos usuarios del lenguaje y que pretendemos vivir (al menos eso se supone) en una sociedad cada vez mejor y más justa para todos.
    ¿Cuál es vuestra opinión al respecto?
    Más información – Noticias en la web
    Foto – Capital
    Fuente – El País

    Vida más allá de la escritura

    By: imagenes On: 11:22
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  • Recurso destacado

    Vida más allá de la escritura

    De Richard Ridley

    ¿Existe algo parecido a la vida más allá de la escritura para todos aquellos que hemos elegido escribir como profesión? Casi todo el mundo cree que nuestro trabajo se realiza exclusivamente delante del ordenador, como si tuvieramos que marcar el ingreso en el mismo momento en el que pulsamos la primera tecla. Por mucho que lo he intentado, siempre me resulta difícil explicarle a la gente que los escritores realmente nunca tenemos un horario definido, ni obtenemos pago por "horas extra".
    La mente de un escritor es algo raro y especial. Hace conexiones con estímulos externos que apenas podrían definirse como tales, no es que nos dediquemos a ir por ahí escuchando las conversaciones de los demás para captar ideas para nuestras historias cuando no estamos frente a la pantalla del ordenador. La inspiración puede llegar de algo tan simple como un paseo por una calle abarrotada en el que descubrimos el modo en el que una chica juguetea con su pelo mientras habla con alguien por teléfono. Ese jugueteo con el pelo puede evocar el pensamiento de "y si...". ¿Y si juega con su pelo porque vive ocultando un terrible secreto? ¿Y si ese terrible secreto estuviera a punto de atraparla? Nos vemos bombardeados por cientos de ideas así cada día. No las buscamos, pero están ahí, esperándonos virtualmente detrás de cada esquina.
    Por eso, quizá no exista una vida más allá de la escritura. Apagar esa parte del cerebro simplemente sería impensable. Pero sí existe una manera de vivir felizmente y en calma con este estado de "permanente alerta". Lleva un bolígrafo y un pequeño cuaderno contigo. Si una idea te alcanza en medio de la nada, anótala y sácala de tu cabeza. Es una red de seguridad que te permitirá liberar la idea y seguir con tu vida... hasta que llegue la siguiente, claro está.
    Traducción de un artículo proporcionado por cortesía de CreateSpace.com

    Tomado del Boletin Informativo de amazon
    By: imagenes On: 15:23
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  • Los 7 enlaces del 21 de noviembre


    * De premios va hoy la cosa. No lo encontramos (aún) en la prensa española, así que visitamos The New York Times para conocer a los ganadores del National Book Award norteamericano, comenzando por la categoría de ficción: James McBride gracias a The Good Lord Bird, novela con la que combatió uno de los momentos más tristes de su vida (lean, lean la pieza, le pasó de todo al pobre tipo).
    * “Comencé haciendo periodismo en las vacaciones de mis 15 años”: Mario Vargas Llosa comienza a recordar así su relación con el medio en esta entrevista con El Mundo a vueltas con el premio Columnistas del Mundo que el hispano-peruano recibió ayer noche.
    * Y no hay dos sin tres: por El Norte de Castilla nos enteramos de que Adolfo Cueto ha obtenido el Premio Ciudad de Burgos por el poemario Diverso.es(aquí).
    * La Razón reseña aquí la “biografía definitiva” de Karl Marx a cargo deJonathan Sperber (en Galaxia Gutenberg), una obra que logra situar al pensador en su contexto decimonónico y obviar, por tanto, la demonización o sacralización de que fue objeto durante el siglo XX.
    * Valerio Manfredi se fue de excursión a Empurias con un grupo de periodistas para presentar rodeado de ruinas su Odiseo (Grijalbo) y La Vanguardia nos lo cuenta aquí.
    * “Podemos enfrentarnos a muchas cosas, pero todos tenemos en nuestro interior algo que sabemos que si vuelve acabaría con nosotros”, le dice Dolores Redondo a ABC durante esta charla sobre la segunda parte de su Trilogía del Baztán, Legado en los huesos (Destino).
    * Y, sin abandonar lo criminal, el blog Elemental de El País selecciona aquí “diez apuestas de pequeñas editoriales locas por el crimen”. Les garantizamos que alguno de esos títulos tiene visos de clásico.
    Que pasen ustedes un buen (literario) jueves.
    Compárteme!!

    El Man Booker Prize podrá ser ganado por autores estadounidenses desde el próximo año

    By: imagenes On: 16:33
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  • hay duda de que si hablamos del premio más prestigioso de la literatura británica estamos hablando del Man Booker Prize, a cuya consecución sólo aspiran (o aspiraban) autores de laCommonwealth y de Irlanda publicados en Reino Unido. Y es que a partir del 2014 se va a producir un cambio que afectará de manera innegable al galardón y que cambiará su historia para siempre. Sí, suena exagerado, pero el hecho de que desde el próximo año pueda ser ganado por cualquier libro escrito en inglés, sea de la nacionalidad que sea, no deja indiferente.
    Así pues, todas las miradas van dirigidas a los escritores americanos, que seguro que empezarán a llevarse algún que otro Man Booker Prize a casa. Sobra decir que esta medida no ha gustado a todo el mundo, y la polémica está servida. En mi humilde opinión, no entiendo esta decisión, y pienso que asíel premio pierde gran parte de su atractivo y peculiaridad.
    La decisión por supuesto no ha sido cosa de un día para otro, y tras 45 años con las reglas anteriores, era difícil cambiar algo tan importante. Tras dieciocho meses de intensas consultas, se ha tomado esta determinación para responder a “la libertad del inglés en todo su vigor, en toda su vitalidad y versatilidad” según Jonathan Taylor, responsable de la organización del premio. Incluso se llegó a plantear la posibilidad de crear un premio especial sólo para autores estadounidenses, pero se desechó la idea.
    Como os decía, esta decisión no ha dejado contento a todo el mundo, ni mucho menos, entre otras cosas porque los americanos suelen ser muy suyos, y por ejemplo el Pulitzer queda descartado para los autores británicos. Desde luego, es cierto que parece una medida un tanto rara y que le quita a mi modo de ver mucha enjundia al galardón.
    Pero bueno, tendremos que esperar a ese 2014 para comprobar ciertamente cuantos autores estadounidenses estarán entre los nominados y si alguno de ellos se llevará el galardón. Pero así de entrada, es como quitarles gran parte del pastel a los autores británicos. Lo dicho, el Man Booker Prize pierde para mí gran parte de su encanto.
    Articulo publicado en el Bolg Papel en Blanco
    Editor Fausto Beneroso

    By: imagenes On: 10:37
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  • http://latorredebabel.wordpress.com/2013/11/07/lectura-y-comprensin-de-textos-fernando-sorrentino/#more-3673


    “Lectura y comprensión de textos”, Fernando Sorrentino

    1. Informe de Fernando Fabián Ferretti
    Quienes se creen graciosos suelen llamarme Triple Efe; quienes me quieren bien se limitan a la primera sílaba de mi primer nombre y, entonces, me dicen Fer. Estoy cursando quinto año del bachillerato y, según parece, tengo una inteligencia más que regular y soy uno de los mejores alumnos. Me gustan las ciencias, pero más me gustan las letras y me agradaría, cuando domine mejor el idioma, escribir novelas con argumentos complicados, como, por ejemplo,David Copperfield.
    Mi papá es el doctor Marcelo Ferretti, abogado de prestigio y con fama de hábil hombre de negocios. Es inteligente, perspicaz, eficaz e impaciente: como él mismo dice, «si hay que hacer algo, se hace en seguida, y a otra cosa». Aborrece el fútbol y, en general, toda actividad que dé lugar a «manifestaciones masivas de la inagotable estupidez humana». Mi mamá aparenta estar siempre de acuerdo con lo que él dice.
    Habitamos un enorme piso de una torre de la calle Juramento, cerca de la estación Belgrano R. Creo que se nos puede llamar gente de clase media alta: vivimos con holgura, nos tomamos vacaciones en lugares costosos, y viajamos con cierta frecuencia fuera del país. Yo, con sólo diecisiete años, conozco Estados Unidos, Canadá, México y Brasil, además del Uruguay (pero, ¿quién no ha estado alguna vez en el Uruguay?). También conozco la mayor parte de los países de Europa occidental. Como soy asiduo lector de Dickens y de Conan Doyle, me hubiera gustado conocer Londres, pero mi papá dice que, si consintiese en que un solo centavo suyo fuera a parar a las garras de la BBA (Bestia Británica Asesina), él, como castigo, se impondría la penitencia de destapar cloacas veinticuatro horas diarias durante el resto de su vida. El respeto a esta cuestión de principios nos ha llevado a conocer lugares tan extravagantes como Islandia o Letonia, eludiendo, a la vez, las islas cuyo mero contacto habría condenado a mi papá al perpetuo trajín cloacal.
    Cuando tenía diez años me ocurrió algo que me atrevo a calificar de decisivo. Hasta ese momento, yo tenía la idea de una cierta actividad llamada fútbol que ocurría sobre todo —y quizás exclusivamente— en televisión.
    Cierto día de aquella época pasada, recibí, de parte de Diego Martín Viale, una invitación para ver, en el propio estadio, un partido de fútbol. Así, y sin saber bien por qué, me encontré en el asiento trasero de un auto, junto a Diego Martín Viale, que, además de vivir en mi mismo edificio, es mi amigo de toda la vida. El auto era manejado por el padre de Diego y, junto a él, viajaba un amigo de éste, llamado Tito. El auto tomó La Pampa y después la avenida Figueroa Alcorta: todos íbamos al estadio de River Plate, donde el equipo local jugaba contra Racing.
    El padre de Diego, Diego y el amigo llamado Tito eran, según siempre lo proclamaban clamorosamente, hinchas de River. Los tres se cubrían con gorritos blancos y rojos que ostentaban el escudo de River y diversas leyendas; además llevaban cornetas y banderines blancos y rojos.
    Yo, en cambio —ya que el fútbol no me interesaba—, no llevaba distintivo alguno.
    En el estadio nos ubicamos en la tribuna oficial, donde estaban los hinchas de River. Sucedió que —según algo ya parecido a una costumbre— también en esa ocasión River derrotó a Racing.
    Todos los de nuestra tribuna festejaron el triunfo de River. Todos, menos yo. Porque a mí, al ver —por primera vez en mi vida— a Racing en el campo de juego, con sus jugadores vestidos con pantalones negros y camiseta a franjas verticales celestes y blancas…, ¿qué me pasó?
    racing2Me pasó que, a pesar de que Racing había perdido, ¡me enamoré de la Academia!
    Y, entonces, en vez de compartir la alegría y la exultación de los riverplatenses que me rodeaban, sentí deseos de hallarme en la otra tribuna, en la tribuna alta que está de espaldas a la avenida Figueroa Alcorta, de estar en aquella tribuna también repleta, repleta de personas cuyos rostros yo no podía discernir, pero que tenían banderas y bombos y estandartes celestes y blancos.

    Cuando estuve de regreso en casa, yo ya era otra persona. Desde ese día, el Racing Club de Avellaneda (ciudad donde yo jamás había puesto el pie: yo había estado en Washington y en París y en Berlín, pero no en Avellaneda) pasó a formar parte de mi vida y no sólo de mi vida, sino también de mi espíritu.
    racing(Desde de aquel momento, unas dos veces por mes visito la ciudad de Avellaneda. En rigor, no visito la ciudad: hago siempre el mismo camino, el que desemboca en el estadio de Racing.)
    Y aquí es cuando debo decir —con un poco de soberbia, es cierto— que sólo los hinchas de Racing podemos entender el maravilloso, inexpresable e intransferible sentimiento de, precisamente, ser hinchas de Racing. Desde nuestra excepcional condición, hasta podemos mirar con cierta lástima a los hinchas de otros cuadros, groseramente exitosos. Ser de Racing es una magia, y es una suerte de gloria que los adictos a otros cuadros no pueden ni siquiera presentir.
    (Cuando alguien dice «Fulano es Gardel», quiere decir «Fulano, en su actividad, es el número uno». Porque Gardel, en su actividad de cantor de tangos, es el número uno de todos los cantores de tango que en este mundo han sido, son y serán. Y, a su vez, es cosa sabida que Gardel, el número uno, era, como no podía ser de otro modo, hincha de Racing.)
    Claro, desde hace muchos años, vivimos de recuerdos. En el caso de nosotros los jóvenes, para peor, de recuerdos de otras personas.
    Ellas me han contado las hazañas del equipo del 66, el más eficaz de toda la historia del fútbol profesional. Entonces quise documentarme: concurrí a La Nación y a La Prensa y a El Gráfico para consultar revistas y diarios viejos y así pude conocer —como jóvenes futbolistas, no como maduros directores técnicos— a Perfumo y a Basile, a Maschio y a Cárdenas, y a Rulli y a Díaz, y a…
    Y me fui aún más atrás. Y conocí a Dellacha, y a Pizzuti, y a Belén. Y conocí la carita triste de Corbatta, que, según dicen, lo único que sabía hacer era jugar al fútbol, ¡y cómo!, y que fue el mejor puntero derecho del fútbol argentino y que murió hace muy poco en la miseria.
    Y todavía más atrás: Gutiérrez, Méndez, Bravo, Simes, Sued…
    Y me remonté a épocas casi prehistóricas, y supe que, cuando River, en 1932, obtuvo su segundo título, ya Racing tenía ganados nueve campeonatos.
    Otros tiempos.
    Lo cierto es que vivo de recuerdos.
    Pero, cada tanto, de noche salgo a hacer una cosa que mi papá reprueba con furor. Dice que, a los que pintan las paredes con leyendas (siempre estúpidas), con todo gusto les pegaría una patada en el culo para incrustarlos de cabeza en la pared así mancillada. Mi papá es así: aborrece los errores, las infracciones, los olvidos, la ineficacia, la ignorancia, la idiotez.
    Tiene razón. Pero, sin que él siquiera lo imagine, eso es precisamente lo que yo hago a veces, en ciertas noches en que me acomete una especie de fervor casi religioso, una suerte de fanatismo casi místico, y entonces salgo a la calle con un aerosol, y frenéticamente, como un loco, recorro cuadras y cuadras y cuadras, y voy escribiendo en las paredes las tres mágicas frases que indican mi amor por la Academia y mi aborrecimiento hacia los dos cuadros especialmente detestables: